Xiang Soto Reznak (Madrid, 2003) ha finalizado este año sus estudios en Diseño Multimedia y Gráfico en UDIT. De origen chino y residente en España desde niña, completó un intercambio académico en Seúl (Corea del Sur) y ha realizado prácticas en la consultora de diseño estratégico Mormedi. Sus proyectos se caracterizan por un enfoque conceptual, limpio y versátil, con especial interés por el diseño editorial, la ilustración, el packaging y la creación de contenidos en 3D. Apasionada por la comida, la música, los libros y las series asiáticas, encuentra gran inspiración en la estética coreana y japonesa.
¿Qué ha significado para ti ganar el Premio de Diseño ANFACO?
Ganar el Premio de Diseño Anfaco ha sido, en primer lugar, un gran honor. En el ámbito personal, supone una enorme alegría ver cómo la propuesta ha sido reconocida. En esta etapa en la que estoy terminando la universidad y comenzando a experimentar el mundo profesional, también representa un impulso importante para mi autoestima y confianza en lo que hago.
¿Puedes contarnos un poco sobre tu diseño ganador y qué te inspiró a crearlo?
Mi diseño representa cada variedad de conserva de forma conceptual y abstracta. En lugar de proponer una ilustración grande que se perciba desde lejos, ofrece la posibilidad de que el consumidor se detenga en los detalles y en lo pequeño. La propuesta genera un espacio más reflexivo, que trata de sorprender desde la sutileza y lo inesperado. Por ejemplo, ver en la aleta dorsal de un atún la forma de una ola. Es una manera de mirar que transforma lo cotidiano en algo poético, y que invita a mirar dos veces.
El diseño se inspira en mi Trabajo Final de Grado, donde presento un libro ilustrado con viñetas que abordan la adopción y las preguntas más íntimas a través de un enfoque conceptual. Con esa misma intención de transmitir un mensaje que se aleja de lo convencional y que invita a la introspección del lector, nace la colección A contracorriente.
¿Cómo fue tu proceso desde la idea inicial hasta el resultado final?
Desde el primer momento tenía claro que quería desarrollar los diseños de forma conceptual, cuidada y centrada en el detalle. Sin embargo, lo más complejo del proceso fue la propia fase de ideación. Tras investigar diferentes referencias, comencé a hacer bocetos en una hoja en blanco hasta dar con propuestas que realmente me convencieran. A partir de ahí, pasé a maquetar la plantilla de la lata y a realizar las ilustraciones en Procreate.
En cuanto a la paleta de color, busqué una gama cromática que evocara el entorno marino. Durante el proceso, tuve la suerte de contar con el consejo de mis padres y de mi profesor de la universidad, quienes también me ayudaron a tomar decisiones en los últimos retoques.
¿Hay algún diseñador o artista que haya influido especialmente en tu carrera o en este proyecto?
Tomo como referentes a artistas de renombre como Pablo Amargo, El Roto, Liana Finck y Magoz, pero quien realmente me inspiró a desarrollar este tipo de ilustración durante mi carrera y, por tanto, en este proyecto, fue 72 kilos, un dibujante bilbaíno que ofreció hace unos años una conferencia en mi universidad. Sin centrarse en aspectos técnicos, se dedica a transmitir mensajes positivos, con una especial atención a la paleta de colores.
¿Crees que la industria alimentaria es una oportunidad para el diseño? ¿Qué mejorarías o cambiarías en su relación con el diseño?
Sin duda, la industria alimentaria representa una gran oportunidad para el diseño gráfico, sobre todo por su amplitud y el alcance que tiene. Al tratarse de un sector tan presente en el día a día, permite una enorme visibilidad para las propuestas visuales. Creo que hoy en día hacen falta diseños que sorprendan y conecten con el consumidor desde lo emocional, y no solo desde lo funcional.
Personalmente, me gustaría que se apostara más por propuestas que se atrevan a contar algo distinto. A veces parece que todo debe ser rápido, claro y comercial, pero también hay espacio para diseños más conceptuales, reflexivos o narrativos que generen una experiencia más cercana.
Además, desde el diseño se puede contribuir a generar preguntas, a replantear hábitos y a influir tanto en los consumidores como en la propia industria hacia una mayor responsabilidad frente a los recursos limitados del planeta.
¿Cómo valoras que entidades como ANFACO y la Fundación Banco Sabadell apoyen y visibilicen el talento joven?
Me parece estupendo y, sobre todo, muy necesario. Entidades como ANFACO y la Fundación Banco Sabadell ofrecen una oportunidad valiosa a cientos de personas del ámbito del diseño para demostrar su talento y poner en práctica sus capacidades. Esa motivación por destacar impulsa a los participantes a dar lo mejor de sí, con la posibilidad real de que sus propuestas se visibilicen y se apliquen a campañas reales. Que los diseños ganadores se utilicen durante un año como imagen de promoción de las conservas en ferias y eventos internacionales da sentido al esfuerzo y convierte el concurso en una experiencia profesional muy enriquecedora.
¿Cómo te imaginas tu futuro profesional en el ámbito del diseño? ¿Qué te gustaría lograr?
Siendo sincera, aún estoy un poco perdida. No tengo del todo claro cómo será mi futuro en esta industria, pero sí sé que me gustaría seguir aprendiendo y creciendo como diseñadora. Me gustaría poder aportar mi granito de arena para que el diseño siga siendo una herramienta que refleje valores como la autenticidad, la sensibilidad y el pensamiento crítico en un mundo cada vez más acelerado y visualmente saturado.
¿Qué consejo le darías a otros jóvenes diseñadores que están empezando?
A mí siempre me ha costado encontrar inspiración o sentirme creativa, pero al final he podido comprobar que incluso la idea más inesperada puede acabar funcionando. Les diría que confíen en ellos mismos.

